Mateo 8:1-4
ENCUENTROS CERCANOS
“Jesús lo tocó con la mano, y dijo: Quiero. ¡Queda limpio! Al momento, el leproso quedó limpio de su enfermedad”.
Mateo 8:3
A veces, un leve toque significa mucho. Para el enfermo en un hospital, para el pequeño en una competencia, para aquel que ha perdido un ser querido. El tiempo de distanciamiento social y confinamiento nos han enseñado a muchos la importancia del contacto físico, sobre todo a quienes no tuvieron la oportunidad de despedirse de sus seres queridos.
Piense en el leproso del relato. En la antigüedad contagiarse de lepra era como recibir una sentencia de muerte. No había antibióticos, no había clínicas especializadas; la única opción disponible era el ostracismo. La propia comunidad y la familia estaban de acuerdo en que éste era el camino a seguir, y la ley del Antiguo Testamento lo avalaba. Pero la presencia de Jesús en este mundo marca la diferencia. Antes de traer sanidad al enfermo, él “lo tocó con la mano”.
¿No le conmueve ese momento en que, después de vivir alejado de sus seres queridos, esta persona recibe el toque de Jesús? La multitud lo agobiaba, sus enemigos lo asediaban, pero eso no impide que él preste atención a esta persona necesitada de afecto y salud. ¿Cómo sería la iglesia de hoy si sus seguidores mostraran este tipo de amor hacia quienes ahora se sienten excluidos? ¿Si en lugar de proscribir a la gente necesitada de un toque sanador los recibiéramos para que el Señor los abrace y los transforme?
Señor, ayúdame a abrir mis ojos y mis manos a la necesidad que me rodea. Ayúdame a desear el bienestar y bendición de los demás. Amén.