Santiago 2:14-26
UNA FE VIVA
“Así como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también
la fe está muerta si no va acompañada de hechos”.
Santiago 2:26
¿A qué le suena una fe sin obras? Tal vez a un árbol sin frutos, a un río sin agua, pero ¿un cuerpo sin espíritu? Entonces no es tanto como suena sino como huele. Su olor nauseabundo, compite con el del azufre de un lugar que preferimos no nombrar. Sí, es una fe que se parece a la de los demonios: creen y tiemblan. Su condición es tan trágica como su destino.
Es triste porque hay muchas personas en nuestra sociedad que se denominan cristianas pero su testimonio no refleja su identidad con Cristo. Y este es el asunto que trata el apóstol Santiago en su carta. Él afirma que la fe verdadera se muestra en los hechos. Así como el buen árbol se da a conocer por sus buenos frutos, así el cristiano se conoce por sus buenas obras. Para un creyente es un privilegio cumplir con la religión pura y sin mancha: “visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo (Sant. 1:27).
Alguien dijo acertadamente que las buenas obras no son para que seas salvo, sino porque ya eres salvo (Efesios 2:8-9). Sí, hay lugar para las buenas obras. Y en una esfera más amplia, las buenas obras de la comunidad cristiana son el reflejo de que el reino de Dios está entre nosotros y que Dios está creando una nueva humanidad, cuyos pensamientos y acciones son de bien y para bien.
Señor, ayúdame a expresar mi fe con hechos y que
la luz de tu evangelio siga brillando en este mundo.
En tu nombre, Amén.