Romanos 16:3-5
UNA FAMILIA DE PUERTAS ABIERTAS
“Saluden a Prisca y Aquila, mis compañeros de trabajo en el servicio de Cristo Jesús. Saluden igualmente a la iglesia que se reúne en su casa”. Romanos 16:3,5
La iglesia primitiva creció en los hogares. En aquella época no se erigían templos, cada hogar era una iglesia en potencia. Priscila y Aquila fueron una pareja muy distinguida y poderosamente utilizada por Dios en los primeros días de la iglesia primitiva. Fueron colaboradores de Pablo en sus viajes misioneros. Vivieron en Corinto, Éfeso y Roma. Allá donde iban, abrían las puertas de su casa para recibir a la gente y allí establecían una iglesia cristiana. Aunque eran fabricantes de tiendas, tenían como misión principal en la vida predicar el evangelio y abrir las puertas de su casa para albergar la iglesia de Dios. Su casa era una agencia misionera y ellos mismos eran evangelistas y hacedores de discípulos. Esta pareja no buscaba proyección; simplemente hacía la obra de Dios a pesar de los peligros. Arriesgaron su propia vida con tal de cooperar con Pablo y la iglesia gentil. Oh, ¡cómo necesitamos familias que busquen primero el reino de Dios! ¡Cómo necesitamos familias que pongan su vida, sus dones, sus recursos y su hogar al servicio del reino de Dios! ¡Cómo necesitamos que se establezcan iglesias en los hogares! ¡Que nuestro hogar sea un santuario de adoración! Que nuestro hogar sea una casa de oración, un templo de culto, un lugar con las puertas abiertas para la predicación del evangelio.
Padre, pongo en tus manos mi casa, mi familia, para ser una iglesia de puertas abiertas. Ayúdame a ser hospitalario con quienes nos visitan. Por Jesús, Amén.