Genesis 2:4-7
LA VIDA ES UN REGALO
“Entonces Dios el Señor formó al hombre de la tierra misma, y sopló en su nariz y le dio vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente”.Genesis 2:7
La vida es un regalo. Lo sabemos, pero a veces lo olvidamos. Cedemos a las presiones culturales que nos impulsan a creer que no es así. Pensamos: “Lo que soy y donde estoy es porque he trabajado duro para lograrlo”. Génesis 2 cuenta una historia diferente. Dice que somos polvo y que fue el aliento de Dios que nos dio vida. Si Dios no hubiese intervenido de esa forma fuésemos como muñecos de arena y nada más. Momento a momento confiamos en el hermoso regalo del aliento que hace posible la vida humana.
Dios es la fuente constante de nuestro ser, no nosotros. Él conoce nuestra fragilidad y el desafío de ser humanos. El Salmo 103 nos dice que Dios recuerda que somos polvo. Y es bueno que nosotros también lo recordemos. Cuando lo hacemos, surge la gratitud. “Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre” (Salmo 103:1).
Aunque suene increíble, Dios no solo ve nuestra fragilidad; él la ha experimentado en la carne. Cuando Jesús, que es completo Dios, vivió en esta tierra, asumió plenamente las limitaciones y vulnerabilidades del ser humano. Lo que nos da esperanza es que Jesús, vestido con nuestra propia carne, murió, resucitó a una nueva vida y ahora gobierna con Dios en el cielo. El polvo del que fuimos hechos ha entrado en la sala del trono celestial en nuestro nombre. “¡Bendice a Jehová, oh alma mía!”
Con gratitud en nuestros corazones te damos gracias, Dios vivo, por tu aliento de vida. Haznos siempre agradecidos. Oramos en el nombre de Jesús. Amén.