1 Tesalonicenses 1:1-10
EVANGELIO DEL PODER
“Pues cuando nosotros les anunciamos el evangelio, no fue solamente con palabra, sino que lo hicimos también con
demostraciones del poder de Dios”.
1 Tesalonicenses 1:5
El evangelio de Cristo no es un mensaje ordinario. Es sobrenatural. Su origen se remonta a la eternidad. Su fuente es Dios mismo. El evangelio es la palabra salvadora de Dios anunciada a los pecadores. Esa palabra es viva y eficaz, poderosa e irresistible. Por tanto, el evangelio no debe anunciarse únicamente recurriendo a la retórica humana; debe ser proclamado con poder, en el Espíritu Santo y con plena convicción.
El evangelio es el poder de Dios para quebrantar la dureza del corazón más empedernido. El evangelio atraviesa las paredes más gruesas y cruza las fronteras más alejadas. Donde llega el evangelio, la oscuridad de las tinieblas se retira, la fuerza de la idolatría se rompe, la ceguera del misticismo se supera y la resistencia de la incredulidad se neutraliza. Aquellos que predican el evangelio necesitan estar revestidos de poder para predicar esta palabra de poder. Aquellos que comparten estas buenas nuevas deben estar llenos del Espíritu y motivados por una convicción plena.
El valor y el poder, la convicción y la autoridad son las marcas de quienes hablan en nombre de Dios. Esta tarea no es para cobardes ni para quienes confían en su propia sabiduría. Solo un hombre en llamas puede arder de convicción. Solo un mensaje ardiente puede encender corazones.
Padre ayúdanos a arder en ti, a predicar apasionadamente para sanidad de nuestra tierra. Por Jesús, tu hijo oramos, amén.