1 Corintios 1:10-25
ENVIADO A PREDICAR EL EVANGELIO
“Pues Cristo no me mandó a bautizar, sino a anunciar
el evangelio…”.
1 Corintios 1:17
El apóstol Pablo estaba completamente convencido de su llamado a predicar el evangelio. Esta obligación era importante para él. En el pasaje de hoy refuerza este compromiso y destaca tres verdades. La primera de ellas es el origen de la comisión. Pablo fue enviado por Cristo. El mismo que, camino de Damasco, lo transformó de ser el mayor enemigo de la iglesia en el mayor apóstol del cristianismo, que él comisionó para predicar el evangelio.
La segunda verdad es la naturaleza de la comisión. Cristo no lo envió a bautizar, sino a predicar el evangelio. Pablo no fue llamado a ser pastor de una iglesia local, sino a ser apóstol y llevar el evangelio a los confines del imperio, plantando iglesias en las diferentes provincias de Roma. La tercera verdad es el estilo de la comisión. La predicación del evangelio no se basa en la elocuencia del mensajero, sino en el evangelio; no es el predicador sino el mensaje.
El predicador pasa, el mensaje se queda. El predicador es un vaso de barro, pero el mensaje es un tesoro precioso. El predicador es solo el instrumento, pero el mensaje son las buenas nuevas de salvación, dadas por Dios, a todos los que creen. Así como Pablo fue enviado a predicar el evangelio, todos los que fueron alcanzados por el evangelio también son enviados a predicarlo. ¿Ha cumplido con esta orden?
Padre, estoy dispuesto a cumplir con el mandato de predicar tu palabra. Dame la confianza para lograrlo.
Por Jesús, amén.