1 Corintios 9:15-18
LA OBLIGACIÓN DE PREDICAR EL EVANGELIO
“Para mí no es motivo de orgullo anunciar el evangelio, porque lo considero una obligación ineludible. ¡Y ay de mí si no lo anuncio!”
1 Corintios 9:16
Predicar el evangelio no es solo el privilegio más sublime, también es la mayor responsabilidad. Pablo se sentía comprometido con esta gran tarea al decir: “Me siento en deuda con todos, sean cultos o incultos, sabios o ignorantes” (Rom. 1:14). Él siempre mostró su disposición a predicar este mensaje: “por eso estoy tan ansioso de anunciarles el evangelio…” dice en Romanos 1:15. Él fue inflexible al decir: “No me avergüenzo del evangelio…”(Rom 1:16). También dice: “...¡Y ay de mí si no lo anuncio!” (1 Cor. 9:16).
Necesitamos sentir este peso. El evangelio debe ser como fuego en nuestros huesos. No podemos dejar de hablar de las cosas que hemos visto y oído. No podemos silenciar nuestra voz, porque los pecadores se dirigen hacia la muerte. Seamos vigilantes. Debemos tocar la trompeta y advertir del gran y grave peligro en el que se encuentra la humanidad.
Es preciso llamar a los pecadores al arrepentimiento con un sentido de urgencia. Decir a los hombres que solo en Jesús hay salvación. Advertir a los pecadores que hay un camino que al hombre le parece correcto, pero que al final conduce a la muerte. Necesitamos, como Juan el Bautista, señalar a Jesús y decir: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Solo en él hay esperanza. ¡Solo en él hay salvación! ¿Ha compartido esa buena noticia este mes?
Padre, estoy dispuesto a llevar ese mensaje urgente a mis amigos y familiares. Ayúdame a lograrlo. Por Jesús, amén.