1 Tesalonicenses 5:12-28
EL PRIMER PACIFICADOR
“Que Dios mismo, el Dios de paz, los haga a ustedes
perfectamente santos…”.
1 Tesalonicenses 5:23
El primer pacificador es Dios mismo. De hecho, en la Biblia a menudo se llama al Señor “el Dios de paz”. Y cuando el apóstol Pablo escribe a la iglesia de Tesalónica, ora para que “el Dios de paz” obre en la vida de los creyentes, santificándolos por dentro y por fuera.
La Biblia dice que en nuestro estado pecaminoso en realidad éramos “enemigos” de Dios (Romanos 5:8-10). En nuestro orgullo y arrogancia nos pusimos en contra del Señor. Pero debido a que él es “el Dios de paz”, nuestro Padre celestial decidió remediar esa situación. Por esto, Dios vino a vivir entre nosotros para derribar la barrera del pecado que se interponía entre él y la humanidad. Aunque nuestras faltas seguían acumulándose Dios vino en su Hijo, Jesucristo, para hacer la paz. No es de extrañar, entonces, que en la noche en que nació el Príncipe de Paz, los ángeles cantaron: “¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Paz en la tierra entre los hombres que gozan de su favor!” (Lucas 2:14). Jesús es el hijo de paz de Dios.
Cuando cooperamos con el Espíritu Santo para que la paz se desarrolle en nuestras vidas, pronto descubrimos que, como nuestro Padre, también comenzamos a tomar la iniciativa en derribar barreras y reparar relaciones maltrechas. Con el poder de Dios, podemos dar el primer paso para extender la paz, alcanzando a otros con el amor sanador de Cristo.
Gracias, oh Dios, por venir a buscar y salvar a los perdidos. Estamos agradecidos de que nos hayas alcanzado través de tu Hijo y restaurado nuestra relación contigo. En Cristo, Amén.