Salmos 126:1-6
ALEGRÍA DESDE ADENTRO
“Entonces nuestra boca y nuestros labios se llenaron de risas
y gritos de alegría…”. Salmos 126:2
La alegría se confunde a menudo con la felicidad. La felicidad depende de nuestras circunstancias externas: cómo van las cosas en nuestro trabajo, nuestras relaciones o nuestra salud. Pero la alegría no depende del clima, de nuestro peso, o de nuestra cuenta bancaria. El gozo es una cualidad del fruto espiritual, del amor, que crece dentro de nosotros.
El Salmo 126 fue escrito en un momento difícil en la historia del pueblo de Dios. Después de ser liberado del exilio en Babilonia, al regresar a su tierra, la encontraron en ruinas. Jerusalén había sido destruida, y su templo había sido arrasado. Los enemigos todavía los rodeaban por todos lados. No es de extrañar que mientras viajaban a casa, oraran: “Restaura nuestro bienestar, Señor”. Sin embargo, a pesar de las circunstancias de la gente, su boca se llenó de risa y su lengua de alabanza. ¿Por qué? Porque habían decidido ser gozosos.
Siglos más tarde, el apóstol Pablo escribió a los creyentes de Filipos: “He aprendido a contentarme con lo que tengo” (Filipenses 4:11). El pueblo de Dios que regresó a la tierra de Israel después del exilio aprendió la misma lección. La felicidad puede depender de la condición de nuestra vida exterior, pero el gozo es algo que el Espíritu hace crecer dentro de nosotros, reflejando el amor inagotable de Dios. ¡No permita que nada ni nadie le robe ese gozo!
Padre, concédeme un sentido de alegría que no dependa de las circunstancias. Cultiva una alegría interior que refleje tu amor dentro de mí y ayúdame a compartirlo con los demás. En Jesús, Amén.