03 de junio del 2022
Génesis 19:1-26
MIRA SIEMPRE HACIA ADELANTE
“Pero la mujer de Lot …miró hacia atrás y allí mismo quedó convertida en una estatua de sal”.
Génesis 19:26
¿Te cuesta trabajo dejar atrás un pasado del cual Dios quiere librarte? ¿Miras con nostalgia tu antigua vida en lugar de disfrutar del maravilloso futuro que Dios te ofrece? Fantasear con su pasado pecaminoso puede parecer a algunos creyentes algo placentero, pero ¿te has puesto a pensar si a Dios le agrada ese tipo de pasatiempo?
En el pasaje de hoy tenemos un caso que ilustra el peligro que corremos al poner la mirada en un pasado que Dios no quiere para nosotros. Cuando Dios decide destruir Sodoma y Gomorra, los ángeles le dicen a Lot: “¡Deprisa! Llévate a tu mujer y a tus dos hijas, o tú también morirás cuando la ciudad sea castigada”. No era fácil deshacerse de toda una vida hecha en aquel lugar, y los ángeles tuvieron que jalarlos. Y, con menosprecio hacia la misericordia de Dios, la mujer de Lot miró hacia atrás y se convirtió en una estatua de sal. En lugar de seguir adelante, a la libertad, quedó allí, con su cabeza en dirección a lo que fuera su hogar.
Cuando Dios entra en nuestras vidas, nuestros caminos toman otra dirección, otro rumbo, es decir, debemos dejar atrás las cosas viejas. Por eso tienes que decidir: dar un paso adelante o seguir atado a las mazmorras del pasado. En mi caso, prefiero la libertad que Dios me ofrece a los patrones de vida destructivos del pasado. ¿Y tú?
Padre nuestro, concede que tengamos la inteligencia de elegir el camino correcto sin mirar las cosas que quedan atrás. En Jesús, Amén.
El tema del devocional de este mes es “Escuchar la voz de Dios”. Dios es un Dios de amor, pero se molesta cuando se le desobedece o cuando no hacemos su voluntad. Desde finales de 2019 la humanidad está sufriendo el coronavirus que se ha convertido en una terrible pandemia. Algunos seres queridos, amigos y familiares han perdido la batalla contra el virus y muchas personas se preguntan: ¿Por qué Dios permite tantas muertes? En la Biblia hay numerosos relatos de enfermedades y plagas que azotaron al pueblo, pero Dios nunca apartó su rostro, ni lo ignoró, ni abandonó a su pueblo a su suerte. Nuestro Dios tiene el control de todo y ni un cabello cae de nuestra cabeza sin su permiso. Pero es necesario comprender y analizar cuál es el mensaje que él quiere enviarnos cuando permite cosas como las que hemos vivido suceden. ¡Disfrute de su lectura!
Edison Souza
Periodista y Anciano en la Iglesia Presbiteriana de Campinas, São Paulo, Brasil.