Eclesiastés 3:1-8
TODO TIENE SU TIEMPO
“...Un momento para la guerra, y un momento para la paz”.
Eclesiastés 3:8
Seguramente está al tanto de lo que ocurre en otras regiones del mundo, o, tal vez, en su propio lugar. Naciones que han vivido los estragos de la guerra, gobiernos que violan los tratados de paz, o grupos guerrilleros que se dedican a provocar el caos y la incertidumbre en distintas partes del mundo. Aun en países que no se caracterizan por entrar en guerra con las naciones vecinas, viven bajo un clima de violencia constante de grupos criminales que gobiernan de facto las regiones donde se asientan.
Las palabras del pasaje de hoy pueden hacer que el corazón de muchas personas se estremezca. Aparecen al final de una lista de elementos opuestos, como el nacimiento y la muerte, o el amor y el odio. Pero para nosotros que estamos siendo testigos de los devastadores efectos de la guerra con armamentos cada vez más sofisticados, nos preguntamos qué quiere decir un pasaje como éste. ¿Significa que ni siquiera Dios puede evitar que la violencia y la guerra se desaten, así como el odio y la muerte parecen realidades inevitables?
Por supuesto que no. Lo que este pasaje nos confirma es la soberanía de Dios quien puede utilizar las realidades de este mundo caído para el cumplimiento de sus propósitos. Aunque a nosotros nos cueste trabajo entender por qué suceden estas cosas, confiemos en que el Dios sabio sí sabe por qué las permite.
Señor, ayúdame a confiar que en tiempos de adversidad pueda contar con tu protección. En el nombre de Jesús, Amén.