15 de junio del 2022
Eclesiastés 3:1-8
TODO TIENE SU TIEMPO
“...Un momento para la guerra, y un momento para la paz”.
Eclesiastés 3:8
Seguramente está al tanto de lo que ocurre en otras regiones del mundo, o, tal vez, en su propio lugar. Naciones que han vivido los estragos de la guerra, gobiernos que violan los tratados de paz, o grupos guerrilleros que se dedican a provocar el caos y la incertidumbre en distintas partes del mundo. Aun en países que no se caracterizan por entrar en guerra con las naciones vecinas, viven bajo un clima de violencia constante de grupos criminales que gobiernan de facto las regiones donde se asientan.
Las palabras del pasaje de hoy pueden hacer que el corazón de muchas personas se estremezca. Aparecen al final de una lista de elementos opuestos, como el nacimiento y la muerte, o el amor y el odio. Pero para nosotros que estamos siendo testigos de los devastadores efectos de la guerra con armamentos cada vez más sofisticados, nos preguntamos qué quiere decir un pasaje como éste. ¿Significa que ni siquiera Dios puede evitar que la violencia y la guerra se desaten, así como el odio y la muerte parecen realidades inevitables?
Por supuesto que no. Lo que este pasaje nos confirma es la soberanía de Dios quien puede utilizar las realidades de este mundo caído para el cumplimiento de sus propósitos. Aunque a nosotros nos cueste trabajo entender por qué suceden estas cosas, confiemos en que el Dios sabio sí sabe por qué las permite.
Señor, ayúdame a confiar que en tiempos de adversidad pueda contar con tu protección. En el nombre de Jesús, Amén.
El tema del devocional de este mes es “Escuchar la voz de Dios”. Dios es un Dios de amor, pero se molesta cuando se le desobedece o cuando no hacemos su voluntad. Desde finales de 2019 la humanidad está sufriendo el coronavirus que se ha convertido en una terrible pandemia. Algunos seres queridos, amigos y familiares han perdido la batalla contra el virus y muchas personas se preguntan: ¿Por qué Dios permite tantas muertes? En la Biblia hay numerosos relatos de enfermedades y plagas que azotaron al pueblo, pero Dios nunca apartó su rostro, ni lo ignoró, ni abandonó a su pueblo a su suerte. Nuestro Dios tiene el control de todo y ni un cabello cae de nuestra cabeza sin su permiso. Pero es necesario comprender y analizar cuál es el mensaje que él quiere enviarnos cuando permite cosas como las que hemos vivido suceden. ¡Disfrute de su lectura!
Edison Souza
Periodista y Anciano en la Iglesia Presbiteriana de Campinas, São Paulo, Brasil.