Deuteronomio 3:21-29
¿DESPUÉS DE MOISÉS?
“Da instrucciones a Josué, anímalo y dale valor...”
Deuteronomio 3:28
“El Señor se enojó conmigo por culpa de ustedes...” se quejó Moisés. Tiempo atrás cuando estaban en el desierto, al faltarles el agua, el pueblo desafió el liderazgo de Moisés. “¿Por qué nos trajiste aquí donde no hay comida ni agua?”, le gritaron. En respuesta, Dios le dijo a Moisés que hablara a la roca que estaba frente a ellos, y que de allí brotaría el agua. Pero Moisés, con ira, golpeó la roca. Así que Dios dijo: “Puesto que ustedes no tuvieron confianza en mí ni me honraron... no entrarán con esta gente en el país” (Números 20:12).
Moisés jugó un papel importante en la vida de Israel. Además de encabezar la salida de Egipto, él los guio a través del desierto, les habló las palabras de Dios y, también, sufrió la carga de las muchas quejas y rebeliones del pueblo. Ahora su última tarea sería recordarles lo que Dios ha hecho por ellos durante el tiempo en el desierto. Entonces Josué terminaría lo que Moisés había comenzado cuarenta años antes.
Moisés, Josué y una gran cantidad de otros líderes sirvieron a Dios, pero ninguno pudo completar totalmente la obra que Dios les había encomendado. Dios le dio ese ministerio a un profeta aún más grande que Moisés: a Jesucristo, el Hijo de Dios, autor y consumador de nuestra fe (véase Hebreos 12:2).
Señor, ayúdanos a poner nuestra mirada en Jesús, y a seguir su dirección en todo. Oramos, en el nombre de aquel que es el único que puede salvarnos, amén.