Juan 11:17-27
A SALVO
“Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá”.
Juan 11:25
La resurrección no es una simple doctrina o un anhelo santo; Jesús mismo hace posible la vida de la resurrección. “Yo soy la resurrección”, nos dice. Él hizo esta declaración días antes que padeciera la muerte y se levantara de la tumba. Así que su resurrección no fue un incidente fortuito. Es la noticia que levanta el ánimo de aquella familia que había perdido un ser querido. Él es la vida de Dios para un mundo moribundo. En Cristo la muerte ha sido vencida, y venir a su resguardo es tener la vida eterna.
Tal vez de niño jugó al pilla pilla, o toca toca (o tula como también se le conoce). Un día mientras trabajaba en mi biblioteca, unos niños jugaban este juego y según escuché las reglas, si tenía la mano en el picaporte de la puerta, el jugador estaba a salvo. Así que mientras estaba sentado allí, ya entrando la noche, escuché a los niños correr, gritar y jugar. Y de vez en cuando escuchaba a uno de ellos decir: “No, no puedes tocarme, mi mano está en la manija. Estoy a salvo”.
Los que caminamos en el valle de sombra de muerte, si tenemos la mano sobre Jesús, declaramos: “¡Estamos a salvo!”. La muerte y el sufrimiento no pueden sacarnos del juego. Pertenecemos, en cuerpo y alma, en vida y en muerte, a nuestro fiel Salvador, Jesucristo. Este es nuestro único consuelo real en la vida y en la muerte.
Padre, creemos que eres el Señor de la vida y que contigo somos más que vencedores. En tus manos estamos a salvo, pase lo que pase. En el nombre de Jesús, amén.