Salmo 138:1-8
¡ÉSE ES MI DIOS!
“Te daré gracias, Señor, de todo corazón; te cantaré himnos delante de los dioses”.
Salmo 138:1
Un escritor decía que “lo esencial de nosotros no es lo que tenemos o hacemos, sino lo que somos”. Para ilustrarlo, hablaba de una adolescente tetrapléjica. Al describirla se refería a ella como “una vocecita”, sin poder usar brazos ni piernas, pero con una mente fina. A esta joven se le preguntó si no le hubiera gustado acabar pronto con su situación. Ella respondió: “No me hubiera perdido ser por nada del mundo”.
Es la maravilla de apreciar lo que somos, y también apreciar que alguien más cuida de nosotros. El salmista alaba a Dios por su amor y fidelidad, por salvar con “su diestra” y por su amor que “permanece para siempre”. Esta alabanza enfatiza sentirse orgulloso de Dios. En lugar de quejas o palabras de enojo, hay voces de aprobación.
Hace algunos años, un reconocido director de coros hizo su última actuación en la universidad que trabajaba. Al final de la presentación, el público se puso de pie y aplaudió ruidosamente. El hombre volvía una y otra vez para agradecer la aprobación del público. Cuando la ovación se iba silenciando, una anciana, la madre del director, gritó: “¡Ése es mi hijo!” La gente se rio y aplaudió aún más fuerte. El salmista grita: “¡Ese es mi Dios!”, y nos unimos a él en la alabanza. Ante todos los que detentan poder en el mundo, gritamos: “¡Nuestro Dios es el más grande!”.
Padre, eres Dios hacedor de maravillas. Gracias de todo corazón. No callaremos delante del pueblo, tu amor y tu justicia. En Jesús oramos, amén.