Romanos 3:21-23
PERO AHORA...
“Pero ahora, sin la ley, Dios ha mostrado de que manera nos hace justos…”.
Romanos 3:21
Alguien comentó que si el hijo pródigo en la parábola de Jesús hubiera vivido moderadamente en el país lejano, nunca habría recobrado el sentido y regresado a casa. Fue porque estaba desesperado, (“tenía ganas de llenarse con las algarrobas que comían los cerdos”) que volvió al hogar.
Es necesario que nos demos cuenta que estamos como el hijo pródigo: agotados y desesperados. Pero esta desesperación no siempre se comprende, especialmente cuando el bienestar financiero y el buen comportamiento ocultan nuestra verdadera situación.
El apóstol Pablo deja en claro que no hay diferencia entre el hijo pródigo que desperdició su vida de forma desenfrenada y la persona que predica o enseña en una iglesia. Él dice: “Todos han pecado y están lejos de la presencia gloriosa de Dios” (Romanos 3:23). Todos somos como personas en un barco que se hunde en medio del océano; ninguno de nosotros puede nadar hasta la orilla, ni siquiera los mejores nadadores. Nuestra situación es desesperada.
“Pero ahora...” dice el apóstol, entregando dos de las palabras más maravillosas de toda la Escritura. Lo que no podemos hacer por nosotros mismos, Dios lo ha hecho por nosotros a través de Jesucristo. “Dios… nos hace justos”, perdonando los pecados cometidos. Jesús es el único Salvador, el nadador fuerte que puede llevarnos a la orilla.
Señor Jesús, ayúdanos a ver que estamos perdidos y desesperados. Confiamos únicamente en ti. Sujétanos y nunca nos dejes ir. En tu nombre oramos, amén.