1 Tesalonicenses 5:16-18
ORACIÓN CONSTANTE Y SONANTE
1 Tesalonicenses 5:17
¿Es posible? Cuando pensamos en la oración, por lo general la reducimos a esos momentos que apartamos para pasar tiempo con Dios. Al levantarnos y acostarnos, al momento de la comida, o en nuestros momentos devocionales lo entendemos, pero ¿en todo momento? ¿Algo así como respirar o mantener nuestro corazón latiendo? ¿O como la tendencia ya impulsiva de buscar señal para mantenernos conectados?
Algo así, diría el apóstol Pablo. La oración debe llegar a ser una necesidad de mantenernos en contacto permanente con nuestro padre celestial. Es aprender a vivir agradecidos en todo, y con una actitud siempre gozosa. Es la convicción latente de que nunca creceremos lo suficiente como para soltarnos de su mano, y hacer nuestra vida independiente de su voluntad y de su gracia. No tiene que ver con vivir de rodillas, sino con vivir sometidos a él. No se trata de mantenernos con los ojos cerrados, sino con el corazón abierto.
La excusa más común que he escuchado es que no tenemos tiempo. El trabajo nos absorbe, el entretenimiento nos distrae, y nuestros proyectos de vida reclaman nuestra lealtad. Pero la oración constante no es una sugerencia o una alternativa a otras actividades. Y puedes contar con que Dios no estará nunca demasiado ocupado como para no atenderte, o que por alguna razón el cielo se quede sin señal.
Venimos ante ti, Señor, con corazones llenos de agradecimiento por lo que eres y todo lo que haces. Amén.