Salmos 145:1-7, 17-21
ALABADO SEA TU NOMBRE
“¡Que mis labios alaben al Señor! ¡Que todos bendigan su santo nombre, ahora y siempre!”.
Salmos 145:21
Con las palabras “santificado sea tu nombre”, Jesús presenta la primera petición del Padre Nuestro (Mateo 6:9). La primera mitad de esta oración hace peticiones que se enfocan en la gloria y honra a Dios, y la segunda mitad se enfoca en nuestras necesidades como pueblo de Dios. Por ser la primera petición, “santificado sea tu nombre” es la más importante de todas las peticiones de esta oración.
¿Qué significa pedir que el nombre de Dios sea santificado? Lo que queremos decir es que su nombre sea honrado y alabado. Pedimos a Dios que le muestre al mundo quién es: que revele su inmenso poder, sabiduría, bondad, justicia, misericordia y verdad. Oramos para que el nombre de Dios sea reconocido y honrado ahora, mientras esperamos el día en que “toda rodilla se doble, en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua reconozca que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:10-11).
En otras palabras, “santificado sea tu nombre” proporciona la base para nuestras oraciones, para nuestra vida individual y para nuestra vida juntos como iglesia, el cuerpo de Cristo en la tierra. Entonces, cuando oramos estas palabras, le pedimos a Dios que nos ayude a vivir como sus siervos que reflejan su gloria y señorío en todas partes, ahora y por siempre. ¿De qué manera puedes honrar el nombre de Dios hoy?
Padre, que seas glorificado en y a través de nuestras vidas y de la iglesia en todo el mundo. Por Jesucristo, Amén.