Apocalipsis 12:1-12
así en la tierra, como en el cielo
“El dragón se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo tan pronto como naciera”. Apocalipsis 12:4
A simple vista parece más un guion para una película de superhéroes que un relato bíblico. Señales en el cielo, el nacimiento de un ser divino en la tierra, un supervillano dispuesto a todo y una batalla cósmica entre seres extraterrestres. Y quizá, también sea la época ideal para un estreno. Pero no. La lucha no es por una gema o un anillo. Tampoco es una batalla eterna entre el bien y el mal. Es una perspectiva del combate espiritual que se libra por “la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios”.
De manera insospechada, Dios coloca esa salvación en manos de su Hijo, a quien envía a este mundo con esa encomienda. Pero fueron pocos los que se percataron de este acontecimiento grandioso. Cuando los magos llegaron a Jerusalén en busca “del rey de los judíos”, la gente religiosa no puso mucha atención. Pero el rey Herodes sí lo hizo. Como también aquel de quién era solo un agente: el dragón. Sí, Satanás estaba listo para actuar en el momento que Cristo viniera a este mundo. Pero no le funcionó.
Y damos gracias que así haya sido. Porque ni en la tierra ni en el cielo pudo conseguir la victoria. Como el texto lo recoge: “ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”. Así es. Ya no hay más condenación para los que están en Cristo Jesús.
Padre, gracias por haber hecho a través de tu Hijo todo lo necesario para nuestra salvación. Confiamos en tu poder para preservarnos. En Jesucristo, Amén.