Génesis 18:16-33
LIBRES DE CONDENACIÓN
“Se acercó un poco más a él, y le preguntó: ¿Vas a destruir a los inocentes junto con los culpables?”.
Génesis 18:23
¿Cómo es la comunidad en la que vives? ¿La consideras un lugar seguro, apropiada para fomentar los valores en tu familia? Lugares así no quedan muchos. No hay muros tan altos que impidan que la inmoralidad y la inseguridad penetren en los hogares. Es prácticamente imposible impermeabilizar las paredes de modo que la maldad no alcance a nuestros hijos.
¿Le molesta a Dios que el pecado esté invadiendo de esa forma nuestros hogares y nuestras ciudades? Porque la mentalidad de mucha gente es de hacerse de la vista gorda, de no meterse con nadie. Pero ¿qué piensa Dios de todo esto? Este pasaje nos deja saber que Dios no es indiferente a esta situación. En el tiempo de Abraham, visitó a dos ciudades que se caracterizaban por una degeneración moral sin precedentes en la historia humana. Y su dictamen fue destruirlas totalmente.
Abraham intercedió por esas ciudades, argumentando que era injusto que Dios castigara al justo y al inocente por igual. Pero como Pablo dice siglos después, “No hay justo ni aun uno”. Y este mundo está igualmente expuesto al juicio de Dios. A pesar de esto, Jesús vino al mundo para liberarnos de la condena final y sus consecuencias. Solo necesitamos recibirle en nuestro corazón y caminar en una dirección diferente. Jesús cambia nuestra sentencia de muerte en vida y sana nuestros corazones.
Señor Jesús, sana mi corazón del pecado y concédeme la sabiduría para discernirlo y la fortaleza de tu Espíritu para vencerlo. Por Cristo Jesús, Amén