19 de noviembre del 2021
Génesis 18:16-33
LIBRES DE CONDENACIÓN
“Se acercó un poco más a él, y le preguntó: ¿Vas a destruir a los inocentes junto con los culpables?”.
Génesis 18:23
¿Cómo es la comunidad en la que vives? ¿La consideras un lugar seguro, apropiada para fomentar los valores en tu familia? Lugares así no quedan muchos. No hay muros tan altos que impidan que la inmoralidad y la inseguridad penetren en los hogares. Es prácticamente imposible impermeabilizar las paredes de modo que la maldad no alcance a nuestros hijos.
¿Le molesta a Dios que el pecado esté invadiendo de esa forma nuestros hogares y nuestras ciudades? Porque la mentalidad de mucha gente es de hacerse de la vista gorda, de no meterse con nadie. Pero ¿qué piensa Dios de todo esto? Este pasaje nos deja saber que Dios no es indiferente a esta situación. En el tiempo de Abraham, visitó a dos ciudades que se caracterizaban por una degeneración moral sin precedentes en la historia humana. Y su dictamen fue destruirlas totalmente.
Abraham intercedió por esas ciudades, argumentando que era injusto que Dios castigara al justo y al inocente por igual. Pero como Pablo dice siglos después, “No hay justo ni aun uno”. Y este mundo está igualmente expuesto al juicio de Dios. A pesar de esto, Jesús vino al mundo para liberarnos de la condena final y sus consecuencias. Solo necesitamos recibirle en nuestro corazón y caminar en una dirección diferente. Jesús cambia nuestra sentencia de muerte en vida y sana nuestros corazones.
Señor Jesús, sana mi corazón del pecado y concédeme la sabiduría para discernirlo y la fortaleza de tu Espíritu para vencerlo. Por Cristo Jesús, Amén
Cuando uno lee el libro de Génesis, difícilmente se hace uno la idea de que está hablando de una familia especial. La mayor parte del libro se ocupa de relatos de desobediencia, traición, corrupción y castigo. Pero no se equivoque. Detrás de la incapacidad humana se encuentra la mano de Dios conduciendo los hilos de la historia. Y al final del libro, el comentario de José a su propia vida es un resumen del libro: “Dios cambió ese mal en bien”. Y es la fidelidad de Dios la que ofrece una esperanza a nuestras familias que se mueven en un entorno no menos contaminado. Él sigue obrando a través de su gracia para llevarnos a Jesucristo, en quien sus promesas se hacen efectivas para sus hijos. Esperamos la lectura de este devocional le dé fuerzas para continuar en la batalla de levantar una generación para Dios.
Román Pérez Aguilar
Es pastor de la iglesia presbiteriana en México. Está casado con Esmeralda y tiene un hijo. Actualmente colabora en el Ministerio Reforma en el programa Vida en familia.