1 Timoteo 6:3-10
EL PELIGRO DE AMAR EL DINERO
“Porque el amor al dinero es raíz de toda clase de males; y hay quienes, por codicia, se han desviado de la fe…” 1 Timoteo 6:10
La idea materialista que enseña que el valor humano equivale a la cantidad de bienes que posee no pasa de moda. Desde la antigüedad, la posesión de riquezas ha sido una variable significativa en la búsqueda de poder y dominio. Un proyecto de reyes y un sueño de siervos con altos costos.
La Biblia no condena las riquezas; más bien condena a los ricos que han hecho de sus riquezas su dios y cuyos bienes usan para el mal. Es fácil diferenciar a una persona rica, honorable y buena, de otra que, teniendo riquezas, es mezquina e injusta. Sin embargo, no solo las personas adineradas buscan acumular más. Hay también quienes, viviendo en escasez, rebozan de ambición y avaricia. En ambos casos, se trata de personas que han decidido gastar sus vidas persiguiendo un objetivo inalcanzable.
Las riquezas pueden proveer placer y bienestar temporal, pero son incapaz de satisfacer todas las necesidades humanas. Las historias de gente que acumuló riquezas pero no tuvo la oportunidad de disfrutarlas abundan en la Biblia y a nuestro alrededor. Como persona, la mayor riqueza que puedes obtener es la presencia de Dios en tu vida (Salmo 73:25), como tu amigo, tu consejero, tu Señor y Salvador. Así podrás canalizar tus riquezas o escasez en las vías correctas, esperando en Dios en todo tiempo.
Señor, gracias por ser mi sumo bien, y fuera de ti nada deseo en la tierra. Da dirección a mis acciones y guíame en el camino del bien. Por Jesucristo, Amén.