Salmo 1:1-6
MADURA Y EN PLENITUD
“Ese hombre es como un árbol plantado a la orilla de un río, que da su fruto a su tiempo…”.
Salmo 1:3
Cuando los estudiantes finalizan sus estudios de secundaria en Columbia Británica, reciben un diploma, que lleva el nombre del árbol oficial de la provincia: “cornejo”. En primavera cuando los estudiantes se gradúan esos árboles están en plena floración. Entonces, en esta área, el cornejo se ha convertido en una especie de metáfora del logro y la madurez.
El libro de los Salmos comienza con una imagen de logro y madurez en la vida de alguien que busca vivir fielmente para Dios. Y en este caso, la persona se compara con un árbol. El árbol al comienzo de los Salmos es un eco del “árbol de la vida” que vimos en el jardín del Edén. Imagínese un árbol fuerte con raíces profundas, bien regado y lleno de frutos sanos y hojas que no se marchitan. Este árbol es agradable a la vista y su fruto proporciona una comida deliciosa y sustentadora, brinda sombra, es hogar para pájaros y otras criaturas; purifica el aire y estabiliza las riberas.
Esta imagen del Salmo 1 nos enseña la forma de vivir sabiamente. Si caminamos en los caminos del Señor, nos convertimos en los seguidores maduros que Dios espera. Cuando expresamos nuestras alabanzas y tristezas, y fijamos la atención en la hermosa creación de Dios y en su camino hacia la vida plena, somos como un árbol plantado junto a corrientes de agua.
Señor, guíanos para convertirnos en todo lo que quieres que seamos. Haznos plenamente vivos y maduros en Cristo. Amén.