Salmo 42:1-11
¿ME ESCUCHAS?
“Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?”. Salmo 42:9
Hay una experiencia moderna que casi todos hemos vivido: enviar un mensaje, ver que fue leído, y no recibir respuesta. “En visto”, le decimos. Y aunque parezca algo pequeño, esa sensación de haber sido ignorado puede doler más de lo que esperábamos. De una forma mucho más profunda, algo parecido puede ocurrir en la vida espiritual. Hay momentos en los que el corazón siente que Dios nos ha dejado de lado, como si nuestras oraciones llegaran, pero no hubiera respuesta.
El salmista conocía bien esa experiencia. Recordaba tiempos en los que la presencia de Dios era cercana y evidente, pero al comparar esos días con su presente, la nostalgia solo hacía más fuerte su tristeza. Sin embargo, en medio de ese dolor, no se quedó en silencio ni se alejó. Hizo algo esencial: llevó su angustia a Dios en oración. Aun con dudas, aun con preguntas, se dirigió a Él y abrió su corazón: “¿Por qué te has olvidado de mí?”. Esa oración no es falta de fe, sino una fe que se niega a rendirse.
Tal vez hoy te sientes en un desierto, con el alma cansada y sedienta, preguntándote dónde está Dios. Este pasaje nos recuerda que, incluso cuando no lo sentimos, Él sigue presente y atento. Podemos clamar, podemos hablarle con sinceridad, porque Él escucha. Nuestra percepción puede fallar, pero su fidelidad no. Aun en el silencio, Dios no olvida a sus hijos; permanece cerca, sosteniendo, esperando que volvamos a Él con un corazón abierto.
Padre, en ocasiones es difícil acercarnos a ti en oración. Recuérdanos que nos escuchas, aún si clamamos sin fuerzas. Que tu Palabra refresque nuestro espíritu, como agua de vida. En Jesús, Amén.