Lucas 15:1-10
EN BUSCA DE LOS PERDIDOS
“Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido.”
Lucas 15:6
En Lucas 15 Jesús cuenta tres historias entrelazadas. En las tres, algo de mucho valor se ha perdido. En una es una oveja, en otra una moneda, y en la última, un hijo. La enseñanza de estos relatos es el valor tan grande que el Padre celestial concede a las personas perdidas. Él se preocupa por su ausencia.
En estas parábolas la búsqueda es total. El pastor deja sus 99 ovejas en el redil para salir a buscar una que falta. La mujer deja la casa patas arriba, buscando desesperadamente su moneda perdida. En el relato del hijo pródigo, tenemos un retrato del padre que espera pacientemente a su hijo, pendiente de cualquier señal de su regreso. En cada historia también hay una gran celebración cuando se encuentra lo que estaba perdido. El pastor, la mujer y el Padre invitan a sus amigos, diciendo: “Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido.”
No sé si ha perdido algo que consideraba valioso: un boleto de avión, un trabajo en su computadora, un anillo de bodas, una hija pequeña en una tienda departamental, sólo para encontrarlos más tarde. Este tipo de experiencias nos enseñan la alegría inmensa de encontrar un tesoro de nuevo. Así es como Dios se siente exactamente al rescatar a una oveja extraviada, cuando las personas descarriadas se arrepienten y regresan a él.
Señor Jesús, sabemos que cada vez que una persona descarriada regresa a ti, se lleva a cabo una celebración celestial. Nosotros también nos alegramos. Amén.