Romanos 14:1-12
VIVIR Y MORIR CON UN PROPÓSITO
“Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos...”Romanos 14:8
Existen más de siete mil millones de personas en el planeta y la mayoría de ellas viven inmersas en una soledad mórbida. El egoísmo es el sello distintivo de esta generación. Cada individuo se viste de vanidad, calza las sandalias del orgullo y vive enclaustrado en la torre de la vanagloria. Vivir y morir para uno mismo es la antítesis de la vida. Es el despropósito de la existencia. No fuimos creados para la soledad, ni salvados para cultivar el egoísmo. La forma en que vivimos y lo que hacemos está relacionado con la vida de nuestra familia.Esto afecta directamente a toda la sociedad. Más que eso, nuestras elecciones reflejan nuestra relación con Dios. Vivir solamente para ti mismo es romper los vínculos humanos, y te vuelves peor que los seres irracionales que viven en grupos y trabajan y se defienden unos a otros. Morir a uno mismo es tomar el destino en nuestras manos e imaginar que su final no dice nada sobre los demás ni afecta a nadie más.Por eso es que muchos, cansados de la vida, prefieren el suicidio. Solo encontramos propósito en la vida y en la muerte cuando vivimos para Dios y cuando servimos a nuestros semejantes. Amar a Dios y al prójimo es el cumplimiento de la ley. En esta relación vertical y horizontal está el significado de la existencia y el propósito de la vida.
Señor, te ruego me liberes del egoísmo y el temor que me impide servir a mi prójimo. Por tu Hijo Jesús, Amén.