Lucas 5:1-11
EL QUE NO ARRIESGA, NO PESCA
“Lleva la barca a la parte honda del lago, y echen allí sus redes, para pescar”
Lucas 5:4
A mucha gente se le identifica por su trabajo. A Simón Pedro, por ejemplo, se le recuerda como pescador. Pero cuando conoció a Jesús, recibió una invitación para cambiar de vocación. En las costas de Galilea, Jesús no sólo convirtió un barco pesquero en un púlpito flotante; también convirtió a un pescador en evangelista: un “pescador de hombres”.
Pedro escuchó que el maestro dispuso que fueran a pescar. Es probable que al principio haya reaccionado así: “Mira, llevo toda la vida en este oficio. Y pasé toda la noche en el mar, sin atrapar nada. ¿Por qué debería salir de nuevo solo para quedar en ridículo ante la multitud?” A pesar de sus dudas, Pedro obedeció. Y el resultado fue suficiente pescado para llenar no solo un barco, sino dos.
Nosotros también escuchamos el llamado de Jesús a involucrarnos en su misión, pero a veces decimos: “No va a funcionar. Hemos pasado toda la vida en esta área. Hemos intentado alcanzar a la gente, y acabamos con las manos vacías. ¿Por qué deberíamos pasar más vergüenza?” Pedro podía haberse negado a seguir la instrucción de Jesús, pero se habría perdido el milagro. Y nosotros también, si nos negamos. Este mes queremos alentarle a involucrarse personalmente en la misión de Jesús. Una emocionante aventura espera a todos los que se suban al bote.
Señor, nos has invitado a convertirnos en “pescadores de hombres”. Danos el valor y la confianza para participar en tu misión. Que nuestros labios y vidas sean testigos de tu gracia. Amén.