29 de junio del 2021
1 Corintios 15:51-50
ENEMIGO DOBLEGADO
“¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria
por medio de nuestro Señor Jesucristo!”.
1 Corintios 15:57
¿Ha estado esperando con ansiedad el momento en que el virus, que tanto daño ha causado, pierda su poder? Hay todavía lugares donde las restricciones no se han levantado, la economía sigue sufriendo, y la gente todavía no se reúne como quisiera. Cuando enfrentamos enemigos tan elusivos y formidables aprendemos a valorar aquellos que ya han sido vencidos. Nos alegra saber que ya no representan una amenaza para nosotros.
Por eso es buena noticia enterarnos que la muerte, el enemigo más temible para los seres humanos, ha sido derrotada. Aunque no ha desparecido del todo, ya no representa una amenaza infranqueable. Cristo la ha vencido al levantarse victorioso de entre los muertos. Él ha desactivado el poder que todo aquello relacionado a la muerte tenía sobre nosotros.
Esta es la razón por la que los cristianos la enfrentamos de una manera distinta. No negamos el dolor de perder un ser querido o el sufrimiento físico y emocional que envuelve la llegada de ese momento final. Pero más allá de ese momento vemos los brazos abiertos de nuestro Salvador listos para recibirnos en gloria. Para los que mueren en Cristo, la muerte es así una bendición, aunque para Cristo fue parte de la maldición que asumió para lograr nuestra redención. Por eso, nos unimos al apóstol Pablo, y decimos, “Gracias, oh, Dios”.
Gracias, Señor Jesucristo, porque no dejaste a medias tu obra, sino que lograste todo lo necesario para nuestra salvación. Amén.
El camino a la madurez cristiana es una travesía maravillosa. No hay nada que se compare a estar en sintonía con la voluntad de nuestro bondadoso Dios. Su Hijo Jesucristo ha hecho posible el recorrido a través de su muerte en la cruz. Y, por si fuera poco, Dios ha hecho morar su Espíritu en nosotros para guiarnos, fortalecernos y capacitarnos para crecer junto con nuestros hermanos en la fe. Pero tenga cuidado de caer en la tentación de buscar atajos. No se deje seducir por los predicadores que le animan a seguir una meta distinta. La iglesia de Corinto es un ejemplo de los peligros de equi- vocar el camino y la confusión resultante. Gracias a Dios, nuestros errores no tienen la última palabra, y él permitió que el apóstol Pablo atendiera la necesidad pastoral de esta iglesia. De ese modo, la iglesia pudo retomar el camino, y nosotros también podemos hacerlo si nos hemos extraviado.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.