Lucas 15:1-10
PERDIDO EN CASA
“O bien, ¿qué mujer que tiene diez monedas y pierde una de ellas, no enciende una lámpara y barre la casa buscando con cuidado hasta encontrarla?” Lucas 15:8
Nunca es divertido extraviarse o perder algo valioso. Si ha pasado alguna vez por esta experiencia, también conoce la alegría que se siente al ser encontrado o recuperar lo perdido. Jesús también lo sabía, y fue la razón de su venida a este mundo: a buscar y salvar lo que se había perdido. A ti y a mí.
Y para quienes no veían con buenos ojos que gente de mala reputación buscara a Jesús, él les contó tres parábolas que exaltan el gozo en el cielo por el rescate de un alma extraviada. Lo que llama la atención es que mientras que la oveja extravió el camino y el pastor tuvo que salir a buscarla, la mujer que perdió la moneda lo hizo en su propia casa. No sabemos si fue descuido o negligencia, quizá un accidente, pero ella no podía estar tranquila hasta encontrarla.
Me pregunto si hay alguien perdido en tu propia casa. Con tantas oportunidades de entretenimiento y distracción, muchos padres no saben en qué andan metidos sus hijos, qué clase de música escuchan, quienes son las personas con quienes chatean. Pero no son solo los niños. Los adultos están también expuestos a amigos secretos en el celular, a hacerse pasar por otras personas en la internet para establecer relaciones indebidas con otras personas, etc. A eso vino Cristo: a buscar lo que se había perdido, aun si es en el hogar.
Padre, gracias por preocuparte por quienes se extravían en los lugares menos esperados. Ayúdame a mantenerme siempre cerca de ti. Por Jesucristo, Amén.