1 Pedro 2:17-25
PECADOS PERDONADOS, PECADOS OLVIDADOS
“Cristo mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, para que nosotros muramos al pecado y vivamos una vida de rectitud…”
1 Pedro 2:24
Soy experto en conocer y cometer el pecado, y sospecho que tú también lo eres. Hacemos cosas pecaminosas, tenemos pensamientos pecaminosos y tenemos una inclinación en nuestra naturaleza que nos hace querer pecar más. San Agustín concluyó correctamente que “no podemos no pecar”. Y es que, sin la gracia de Dios, comprobamos cada día que somos pecadores culpables. No damos gracias a Dios, rompemos sus leyes, ignoramos nuestras tareas. Al buscar la vida sin Dios, solo encontramos la muerte; al buscar la libertad fuera de su ley, caemos en las redes de Satanás; al buscar el placer, perdemos la alegría”.
El pastor Tim Keller nos ayuda a entender un poco más el pecado. Mientras explora la parábola comúnmente conocida como “el hijo pródigo”, él describe no solo el pecado del hijo menor (derrochador y descarado), sino también el carácter arrogante del hijo mayor. La trampa más cruel del pecado es suponer que no necesitamos el generoso amor del Padre debido a nuestra superioridad moral. El orgullo más profundo es pensar que no necesitamos a Jesús y la gracia de su cruz.
Estos pensamientos son realmente deprimentes, pero son necesarios. Mi pecado y mi orgullo a menudo me alejan de abrazar plenamente la gracia divina. ¡Señor, perdóname por a veces olvidarlo!
Señor, muero a mis pecados tan lentamente. Ayer una victoria; hoy una pérdida. Necesito urgentemente tu toque sanador en cada parte de mí. En el nombre de Jesús, Amén.