Lucas 2:21-35
PROMESA CUMPLIDA
“Ahora, Señor, tu promesa está cumplida: puedes dejar que tu siervo muera en paz” Lucas 2:29
La oferta era irresistible. Un muñeco de nieve inflable al costo de una paleta de hielo. Aunque seguramente los niños se divertirían intentando derribarlo, lo que me atrajo más fue el precio. La navidad acababa de pasar y las tiendas estaban en busca de espacio para productos con una temática distinta.
Nosotros también comenzamos a hacer espacio para otras inquietudes e intereses, y el recuerdo de la venida del Hijo de Dios a este mundo comienza a diluirse. Pero la Biblia no funciona de acuerdo a los dictados del mercado. Unos días después de que Jesús había nacido, apareció un ancianito llamado Simeón en el templo de Jerusalén. Su presencia debe haber llamado la atención de algunos feligreses, pero él estaba allí para ver a Jesús. Dios le había prometido que no vería la muerte sin antes conocer al salvador del mundo, y ese día, José y María estaban con Jesús en el templo.
¡Qué momento debió ser aquel para aquel anciano! Dios no se había olvidado de él ni de las promesas que le había hecho. Allí tenía en sus brazos al salvador, de carne y hueso, y no a un simple muñeco. Mucha gente piadosa oró a Dios por tener este privilegio, pero Dios no se los concedió. Dios tampoco olvida las promesas que ha hecho a sus hijos, porque él las cumple precisamente a través de su Hijo.
Padre, gracias porque, aunque no pueda tener a Jesús en mis manos, él si me puede tener en las suyas. Por su amor bendito. Amén.