2 Timoteo 1:1-18
DE VUELTA AL COMIENZO
“Porque me acuerdo de la fe sincera que tienes...”
2 Timoteo 1:5
Muchas personas nacen en hogares cristianos mientras que otros vienen al Evangelio por el testimonio de alguien o por una situación de prueba.
Lo que también ocurre es que algunas personas (y no son pocas) son alcanzadas por el verdadero Evangelio de Jesús, pero por diversos motivos se alejan y se dejan vencer por las trampas que el mundo ofrece. Otros simplemente manifiestan cierta timidez para enseñar y testificar de Cristo.
Por alguna razón Pablo consideró pertinente exhortar al joven Timoteo a no avergonzarse del evangelio. Es probable que el encarcelamiento de Pablo haya provocado algo de desaliento en el corazón tímido de su discípulo. Esta actitud negaba la poderosa obra del Espíritu en su vida que se caracteriza por el poder, el amor y el dominio propio. A veces el mejor testimonio del poder del evangelio se encuentra en nuestra propia familia.
Pablo apela al ejemplo que su abuela y su madre le dieron a Timoteo en el intento de reanimar la fe de aquel joven. Necesitamos en ocasiones hacer esto con alguien, o que alguien lo haga con nosotros, y qué mejor que teniendo como ejemplo alguien de la familia que encara con seriedad la tarea de ser cristiano. Muchos de ellos pasaron por gran adversidad para legarnos la fe que ahora disfrutamos.
Necesitamos volver a los orígenes, al primer amor mientras haya tiempo.
Amado Dios, Tú nos ha llamado a formar un pueblo santo; no permitas que nos alejemos de esta misión. Amén.