27 de octubre del 2020
Números 32:1-27
DESCONTENTO SANTO
“Después nosotros mismos nos armaremos a toda prisa e iremos al frente de los demás israelitas, hasta que los llevemos a su territorio” Números 32:17
La tierra prometida estaba solo pasando el río Jordán, pero el territorio de este lado del río se veía muy bueno para la ganadería. De modo que las tribus de Rubén y Gad pidieron a Moisés que les permitiera asentarse en esa área. Con esto, ellos enfrentaban la tentación de permanecer en un lugar dominados por su deseo de poseer esa tierra y no por la promesa del Señor. Cuando Moisés los confrontó, las tribus de Rubén y Gad estuvieron de acuerdo en cruzar el Jordán para conquistar la tierra.
Es muy tentador tener éxito y sentirse realizados con las cosas a nuestro alrededor. Entre más tenemos, más fácil es enfocarnos solamente en esta vida. En lugar de fijar nuestros ojos en las promesas de Dios, tendemos a hacerlo en las cosas alrededor nuestro y sentirnos satisfechos con ellas.
La fe cristiana se caracteriza por un descontento santo con los tesoros terrenales. Por eso, necesitamos anhelar a Cristo y su reino aun cuando tengamos cosas buenas, porque sabemos que el tesoro más grande es Jesús.
¿Podemos estar agradecidos con lo que tenemos y al mismo tiempo anhelar a Cristo? Claro que sí. Recordemos que Cristo tenía toda la gloria celestial, y aun así se despojó de ella por nosotros. Él renunció a las riquezas celestiales y llegó a ser pobre de modo que pudiéramos ser ricos en él (Filipenses 2:1-11). ¡Alabado sea Dios!
Padre, ayúdame a no amar los tesoros terrenales más que a ti. Te adoramos por darnos el don de tu Hijo. En el nombre de Jesús. Amén.