Salmo 119:17-24
OJOS ABIERTOS
“Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley”
Salmo 119:18
La ley de Dios es uno de los dones más grandes. Durante muchos siglos fue esa ley lo que mantuvo al pueblo de Dios en el camino correcto. No tenían otra fuente de sabiduría. Aún hoy, con la revelación completa del Nuevo Testamento, esa ley sigue siendo de vital importancia. Cuando Dios se acerca con su ley, el hombre se ve afectado. Cuando Dios da a conocer su mensaje, usted es personalmente responsable.
Una cosa que es del agrado de Dios es que sus hijos tengan un deseo de aumentar sus conocimientos. Si esto no ocurre, nos quedamos estancados en una planicie donde la vida espiritual sólo puede ser mediocre. Tenemos suficiente fe, esperanza y amor como para que los demás nos acepten. Hacemos algunas cositas en beneficio del hogar y de la iglesia y del vecindario pero seguimos siendo mediocres o tibios. Al aumentar el conocimiento, sin embargo, nos damos cuenta que no cabe semejante actitud. Nos damos cuenta que no podemos entrar en relaciones profundas con Dios si seguimos a un nivel superficial.
Las metas que nos ponemos en la vida nos obligan a aumentar nuestra fe y acción. La carrera cristiana siempre va en progreso. Al ver las demandas que Cristo pone delante de nosotros, nos vemos presionados a ir un poco mas lejos y hacer mejores esfuerzos. Felices son los que oyen el llamado de Cristo.
Señor, sabemos muy poco de tu ley pero te pedimos que Tú nos enseñes cada día una nueva lección. Queremos servirte pero a veces somos débiles y nos olvidamos. En Cristo. Amén.