04 de agosto del 2020
Jeremías 31
UN REFUGIO
“¡Reconozcan que yo soy Dios!”
Salmo 46:10
Era un martes por la noche hace casi diez años. Los que entraban a nuestra iglesia estaban enmudecidos y sombríos. Era como si hubieran decidido que la charla feliz no era apropiada ese día. Prácticamente las únicas palabras que se compartieron fueron aquellas proyectadas en la pared del santuario, las palabras del Salmo 46:10: “Estad quietos, y reconozcan que yo soy Dios”. Fue el 11 de septiembre del 2001. Esa mañana, los terroristas habían piloteado dos aviones contra las torres gemelas en Nueva York, otro contra el Pentágono en Washington, DC, y uno más, fue desviado de su destino por los valientes pasajeros, y estrellado sobre un campo en Pensilvania.
Aunque la tierra no había cedido y las montañas no habían caído al mar, muchos sintieron como si el mundo se hubiera puesto de cabeza.
Muchas iglesias, incluyendo la nuestra, abrieron sus puertas para que entraren personas de sus comunidades. Fueron un refugio para muchas personas ansiosas. Así mostraron a un Dios cuyo río de gracia trae contentamiento a todos los que confían en él. Testificaron de la grandeza de Dios, nuestra “siempre presente ayuda en problemas”. Hicieron lo que la iglesia debe hacer, proclamar el mandamiento favorito de Dios a los que temen: “No temas”.
Que en todas las naciones del mundo la iglesia de Jesucristo proclame esta verdad con confianza: “Jehová de los ejércitos está con nosotros, el Dios de Jacob es nuestro refugio”. Amén.