26 de agosto del 2020
Salmo 27
VIEJOS Y JÓVENES
“Sólo una cosa he pedido al Señor… estar en el templo del Señor todos los días de mi vida”
Salmo 27:4
Una mañana, temprano, fui invitado a hablar a los estudiantes de una escuela cristiana local. Fue entretenido ver tanta actividad y movimiento. Y más que todo fue una experiencia muy hermosa poder hablarles de un Dios que los ama.
En mi lista de “cosas que hacer” esa mañana, la siguiente fue dirigir el entierro de una ancianita de más de 90 años. Ese entierro fue una preciosa celebración de una larga vida santa. Todos sus hijos y nietos mencionaban que ahora ella estaba en un lugar mejor. Dios quiera que los estudiantes que había visitado esa mañana llegasen a vivir tan largas vidas. Y que también, por la gracia de Dos, ellos pudieran mirar a sus vidas y decir que habían vivido en la casa del Señor todos los días de sus vidas. No es que hayan pasado sus días en el templo de Jerusalén, la casa que el salmista menciona, sino más bien, como creyentes del Nuevo Testamento, que hayan pasado tiempo en el lugar donde vive el Espíritu de Cristo, en su iglesia.
En esta comunidad proclamamos los unos a los otros la maravillosa verdad de Dios, seamos ancianos o jóvenes, que el Señor es nuestra luz y nuestra salvación. Él es la fortaleza de nuestras vidas.
Padre, tu reúnes a todos tus santos, ancianos y jóvenes, a tu iglesia, haciéndonos una comunidad de fe. Gracias por buscarnos. Gracias por estar con nosotros. Amén.