Romanos 8
CONDENACIÓN
“Así pues, ahora ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús”
Romanos 8:1
Es importante reconocer que podemos experimentar diferentes tipos de “condenaciones”. Está, por ejemplo, la condenación del mundo por el juicio de valor de las personas a nuestro alrededor. Su opinión tiene mucho peso en el círculo social donde buscamos ser valorados.
Está, por otro lado, la condenación propia ante la falla de cumplir con nuestras propias expectativas o la realidad de no poder hacer cambios profundos en nuestra vida. Está también el miedo a la condenación de Dios. Es el reconocer en lo más profundo de nuestro corazón que si hay un Creador de todas las cosas, entonces nos demanda una respuesta apropiada de adoración.
Sin embargo, para aquellos que somos hijos de Dios, comprados por la sangre y sacrificio de su Hijo, dice el pasaje que ahora “no hay ninguna condenación” (vs.1) y que ninguna “cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (vs.39).
Las Buenas Noticias son que Dios no trae condenación a sus hijos, pero sí convicción a nuestro corazón y hay una gran diferencia. La condenación nos oprime, la convicción nos libera. La condenación nos paraliza, la convicción nos lleva a actuar. La condenación nos lleva al cinismo y despecho, mientras que la convicción nos da todavía esperanza.
Gracias Padre, por las Buenas Noticias de que no enviaste a tu Hijo “al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él” (Juan 3:17). Amén.