Mateo 19:13-15
LIBRE ACCESO
“Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos”. Mateo 19:14
Yo quise salir contigo, pero nunca encontraste tiempo. Y tampoco me explicaste por qué. Quise darte un beso, pero casi nunca te inclinaste para recibirlo. Aprendí que tus ocupaciones eran más importantes que mis abrazos. Pensé muchas veces en buscarte cuando tenía pesadillas, pero me repetías que tu sueño era “sagrado”. Así que aprendí a enfrentar mis miedos solo.
Quise conocer tus historias de infancia, tus errores, tus luchas, para saber si eran parecidas a las mías. Tal vez eso me habría dado esperanza. Pero insistías en que debía “madurar rápido”. Tenía preguntas sobre mi cuerpo, mi sexualidad, mis emociones, pero antes de escucharme, ya habías sentenciado a mi generación como irresponsable y pervertida. Intenté mostrarte quién era. Pero siempre parecía que había una versión mejor de mí, la que tú querías que fuera.
Padre, quizá nunca comprendiste la profundidad de lo que Jesús declaró: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis”, no estaba hablando solo de espacio físico. Estaba hablando de acceso. De brazos disponibles. Jesús nunca cerró el diálogo. Nunca declaró sagrado su descanso por encima del corazón de un niño. Y eso es lo que los hijos necesitan: No padres perfectos. Sino padres accesibles. Porque cuando cerramos la puerta, no solo impedimos el acceso a nosotros, podemos estar estorbando el camino hacia Cristo.
Señor Jesús, necesitamos con urgencia ser accesibles a nuestros hijos. Ayúdanos a quitar los impedimentos, nuestra ignorancia y usar la sabiduría. Amén.