23 de junio del 2020
Mateo 9:20-22
LA MUJER QUE TOCÓ EL MANTO
“Jesús mirándola, dijo: Ten animo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora.”
Mateo 9:22
Este pasaje nos aproxima a una mujer que ha sufrido de hemorragia o flujo de sangre por doce años. La aflicción de ésta no fue solo grave y desgastante físicamente. Su enfermedad también la mantenía impura permanentemente por razones ceremoniales (Levítico 15:25-27). Esto quiere decir que debió haber vivido aislada de todos, incluyendo de su propia familia y excluida de la sinagoga y el templo
Sin embargo, Jesús se vuelve hacia ella, la mira a los ojos con compasión y misericordia, aceptándola. ¡Aceptándola! Cristo la conforta dándole aliento y consuelo pero más que nada, le otorga salvación.
Esta mujer debió haber estado absolutamente desesperada, humillada, exhausta y reconoció en Jesús al enviado de Dios, al único que podía sanarla no solamente con su malestar físico, sino de hacerla nuevamente pura ceremonialmente. Esto por consiguiente la restaura también ante la sociedad que la rodea, su familia, sus amistades y sus conocidos. El gozo de esta mujer debe recordarnos nuestro mismo gozo al acercarnos a Jesús, arrepentidos de nuestros pecados, reconociendo a Cristo como nuestro Salvador y recibiendo en él nuestra única esperanza y salvación.
Jesús, tú eres el único que me puede salvar y restaurar para vivir eternamente en comunión y relación perfecta con Dios.