Levítico 6:1-7
MÁS QUE PEDIR PERDÓN
“Entonces, habiendo pecado y ofendido, restituirá […] por entero a aquel a quien pertenece, y añadirá a ello la quinta parte, en el día de su expiación”. Levítico 6:4-5
¿Alguna vez alguien se aprovechó de usted al hacer un trato o una compra? La confianza es algo valioso, pero también frágil. Cuando se rompe, puede dejar heridas difíciles de sanar. Y, si somos honestos, no solo hemos sufrido las consecuencias de la deshonestidad ajena; también nosotros hemos decepcionado a otros en más de una ocasión.
La Biblia nos enseña que el pecado nunca afecta únicamente nuestra relación con Dios; también deja huellas en nuestras relaciones con otras personas. Cuando engañamos, ocultamos la verdad o actuamos injustamente, algo se rompe. Por eso Dios no solo nos llama al arrepentimiento, sino también a la restauración. En las Escrituras vemos que quien había causado un daño debía reconocerlo y, en la medida de lo posible, procurar repararlo. La verdadera transformación del corazón no solo admite el error; también busca sanar lo que ha sido herido.
La buena noticia es que Dios no nos deja solos frente a nuestras faltas. Jesucristo cargó con nuestra culpa para reconciliarnos con Dios y abrirnos un camino de perdón. Y ese mismo perdón nos impulsa a buscar la reconciliación con quienes hemos lastimado. A veces eso implica pedir perdón. Otras veces requiere devolver algo, corregir una injusticia o dar un paso humilde hacia la restauración. ¿Hay alguna relación en tu vida que necesite ser sanada por la gracia de Dios?
Señor Jesucristo, gracias por pagar el precio para hacernos justos delante de Dios. Ayúdanos a reconciliarnos en nuestras relaciones y ser honestos. En tu nombre, Amén.