Apocalipsis 22:12-21
EL ÁRBOL DE LA VIDA
“Dichosos los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y poder entrar por las puertas de la ciudad”.
Apocalipsis 22:14
Génesis 3 se ocupa en contarnos la triste historia de la desobediencia de Adán, la astucia de Satanás, las maldiciones pronunciadas por Dios, y, finalmente, la expulsión de la primera pareja de ese lugar ideal. Adán y Eva probaron dos clases de árboles: “los que eran buenos para comer”, y “el que Dios les mandó no comer”. Pero había también otro árbol: “el árbol de la vida”. Para evitar que lo comieran, Dios los expulsó del Edén: “Ahora el hombre se ha vuelto como uno de nosotros, pues sabe lo que es bueno y lo que es malo” [de allí se deduce la idea de que el hombre es un ente moral]. Por eso Dios el Señor sacó al hombre del jardín de Edén, y lo puso a trabajar la tierra de la cual había sido formado” (Génesis 3:22,23). El versículo 24 agrega: “Después de haber sacado al hombre, puso al oriente del jardín unos seres alados y una espada ardiendo que daba vueltas hacia todos lados, para evitar que nadie llegara al árbol de la vida”. Ese árbol que no les fue permitido a Adán y Eva comer, estará disponible en el “Nuevo Paraíso” para todo el salvado y comprado por la sangre del Cordero. De allí que, el resucitado, Señor Jesucristo nos anima: “...a los que salgan vencedores les daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios” (Apocalipsis 2:7). El libro de Apocalipsis termina con una invitación a venir y ser partícipe de estas bendiciones celestiales.
Tus designios, oh, Señor, son insondables. Gracias por esa fe que has hecho nacer en mí y que me sostiene. En Jesús, amen.