19 de septiembre del 2026
Lucas 6:27-36
APRENDIENDO A SANAR
“Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen…” Lucas
Hay canciones que repetimos sin poder evitarlo. Algo parecido ocurre con ciertas heridas: volvemos a ellas continuamente, como una pista que nunca termina. Cada repetición revive el dolor, alimenta la amargura y sin darse cuenta, se convierten en prisioneras de esos recuerdos. Soltar ese pasado no siempre es fácil, porque a veces la amargura se convierte en una forma silenciosa de aferrarse a la justicia o incluso de “venganza”. Pero lo cierto es que ese peso no solo hiere el corazón, también contamina nuestras relaciones y nos roba la paz. La amargura nunca construye, solo desgasta. Echa raíces profundas y de ella brotan actitudes que dañan tanto a quien la lleva como a quienes están alrededor. Aunque parezca que nos da fuerza o motivo para seguir, en realidad nos mantiene atados al dolor. Vivir así es permanecer conectados a la herida, sin permitir que sane. Y tarde o temprano, ese estado termina afectando toda nuestra vida. Jesús nos propone un camino diferente, uno que desafía nuestra lógica: orar por quienes nos han herido y bendecirlos. No es algo fácil ni natural, pero es profundamente transformador. Cuando comenzamos a ver al otro desde la gracia, el corazón empieza a ser liberado. No significa justificar el daño, sino soltar el control y permitir que Dios sane lo que nosotros no podemos. En ese proceso, la amargura pierde su fuerza, y en su lugar nace una libertad que solo el amor de Dios puede producir.
Padre celestial, Jesús oró por aquellos que lo ejecutaban y venció la amargura que atentaba su alma. Ayúdanos a seguir su ejemplo en nuestras vidas. En su nombre oramos. Amén.
Mucha gente cree que su vida emocional no tiene nada que ver con su fe o su desenvolvimiento religioso. No saben que se están engañando. Las enseñanzas del evangelio son un remedio eficaz, para curar las heridas del alma. Nuestro lado emocional puede volverse inestable como las tempestades de verano; traumáticas, turbulentas y dolorosas, como lo que un huracán deja al pasar. A pesar de todo, la gracia de Dios nos da la posibilidad de restaurar, equilibrar y de pacificar nuestros sentimientos más profundos. Es de esta gracia que todos nosotros necesitamos, para enfrentar las tempestades de la vida y mantenernos serenos y equilibrados.
Robert Heerspink
Robert Heerspink fue pastor de varias iglesias, y director del ministerio Back to God (De regreso a Dios). Una de sus pasiones era la escritura, sobre todo, devocionales para el pueblo de Dios.