24 de abril del 2020
Apocalipsis 22:1-12
JERUSALÉN, CIUDAD CELESTIAL
“Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de la presencia de Dios”.
Apocalipsis 21:2
Jerusalén fue destruida en el año 70 D.C. por el general romano Tito. El Apocalipsis se escribió después que esto ocurriera. Esto significa que, para Juan, cualquier ciudad que remotamente se asemeje a la ciudad que él vio, tendría que ser una “Nueva Jerusalén” completamente. Una cosa debemos entender, y es que, la novedad de la ciudad, no solo se refiere al hecho que la “vieja” Jerusalén fuera destruida. En la visión de Juan, un nuevo orden mundial está siendo construido. “…porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, y también el mar” (Apocalipsis 21:1). Es esa ciudad, la sede central de un mundo donde Dios introduce una era de paz y perfecta comunión entre él y los seres humanos, algo muy parecido a lo que originalmente se experimentó en el Jardín del Edén. Aquí es donde empezamos a ver realmente lo especial y novedosa que es esta ciudad, y cuánto difiere de la realidad que ahora experimentamos. Una voz del trono de Dios proclama: “Aquí está el lugar donde Dios vive con los hombres. Vivirá con ellos, y ellos serán sus pueblos, y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (Apocalipsis 21:3). La autenticidad de este idílico lugar tiene el sello de “Aquel que estaba sentado en el trono dijo: Yo hago nuevas todas las cosas… Estas palabras son verdaderas y dignas de confianza” (Apocalipsis 21:5).
Señor, Dios de la gloria, te glorifico por la esperanza que has colocado en mi corazón, esperanza anclada en tu Palabra, que son dignas de confianza. Por Cristo Jesús, amén.