16 de abril del 2020
Job 19:23-29
REVISADO Y CORREGIDO
“Y aunque la piel se me caiga a pedazos, yo, en persona, veré a Dios”.
Job 19:26
La anécdota dice que cuando Benjamín Franklin, científico, inventor, y uno de los fundadores de la nación norteamericana, tenía 25 años de edad, escribió un epitafio para su tumba, pero que nunca fue colocado en la lápida tal como él deseaba. El epitafio decía: “Aquí yace el cuerpo de Benjamín Franklin, impresor, como la tapa de un viejo libro, su contenido de su escrito con sus letras doradas está rasgado y desecho, alimento para los gusanos. Pero el trabajo no será perdido; porque, tal como él lo cree, aparecerá una vez más, en una nueva y más elegante edición, revisada y corregida por su autor”. Yo diría que esta fue una elocuente manera de describir lo que le sucederá a todo creyente en Cristo. El patriarca Job vivía con esa esperanza, según lo escribe en el pasaje de hoy. Cuando muramos, nuestros cuerpos serán enterrados, pero en el día de la resurrección saldrán de la tumba, aunque en una forma muy diferente a cómo fueron puestos bajo tierra. En 1 de Corintios, Pablo usa palabras, tales como: “despreciable, débil; cuerpo material; el primer hombre, Adán, último Adán…” (1 Corintios 15:43-4). Esto manifiesta la inferioridad de nuestros cuerpos en cuanto a la eternidad se refiere. Es necesario una “revisión y corrección” a fin de ser aptos para la eternidad. Y decimos: ¡AMEN!
Sí, mi Dios, alabo y bendigo tu nombre por la promesa de resurrección, de transformación. Te ruego que mientas tanto, me sigas transformado día a día a tu imagen. En tu nombre, amén.