Haciendo comunidad
“Cuando Dios creó al hombre, lo hizo semejante a él.” Génesis 5:1b
Adán continuó engendrando hijos. En este relato se destacan los nombres de hombres, aunque es lógico pensar que también hubo mujeres. Más allá del género y los nombres, se reitera uno de los tantos buenos deseos de Dios para la humanidad: que todas las personas se vean como uno, junto a su maravilloso Creador. Esto requiere adoptar un sentido de comunidad, fraternidad y de preocupación y de cuidado hacia el otro, sin fijarse en los rasgos físicos, culturales e, incluso, religiosos. Se trata de un sentido de familia y de preocupación por las necesidades de quienes están cerca y no tan cerca, todo lo cual nos desafía a cambiar de actitud y estar más dispuestos a solidarizarnos. Los creyentes debemos empezar a poner en práctica los valores y principios del reinado de Dios, haciendo a un lado las barreras que nos hemos imaginado, y se facilite tener un dialogo con confianza y madurez. Por todo ello es importante y digno hacer de nuestras familias, comunidades, comunidades de fe, trabajos, países, regiones y mundo, espacios en donde aprendamos a trabajar juntos y vernos sin prejuicios, dar aliento de vida donde es necesario hacerlo y, con esperanza, pensar que hay otro mundo posible.
Oración: Amado Dios, ayúdanos a tener un sentido de comunidad armónica con las personas que nos rodean. Amén.