Encarnar la realidad
“Luego Jesús les dijo otra vez: ¡Paz a ustedes! Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes.” Juan 20:21
Dios nos envió a su Hijo para encarnarse en la historia de su planeta. Esto hay que verlo como el mayor acto de amor hacia la humanidad. En su infinita misericordia llega a ser uno de nosotros, un completo misterio que hasta ahora nos continúa asombrando. Lo hizo en medio de tiempos complicados de opresión, explotación, etnocentrismo, serios abusos de poder y otras muchas situaciones muy complejas. Tuvo autoridad y poder para anunciar las Buenas Noticias y denunciar las injusticias del régimen de ese tiempo, más que todo a los líderes religiosos-civiles y políticos, quienes le vieron con sospecha y temor. A sus seguidores les mostró cómo ver e identificar los signos de los tiempos. A su vez con ternura oraba por ellos, incluso antes de su captura oficial y sacrificio en la cruz, apareciendo luego transformado por el Padre. Llega a consolarles diciéndoles algo que antes ya había hablado con su Padre, recordando el origen y fin de su llamado y misión acá en la tierra. Como él fue enviado así, él les envió a ellos, para continuar su legado, es decir, el reinado de Dios, asumiendo así un mandato en el cual deben formar una comunidad donde, por medio del perdón y el poder del Espíritu, se vive en un ambiente de armonía . ¡Qué gran desafío el de la buena noticia del mensaje del Jesús resucitado!
Oración: Bendito Dios, danos la autoridad de poder seguir tus pasos y tu eterno legado que confronta todo lo que el sistema humano ofrece. Amén.