09 de enero del 2020
Malaquías 1:10-14
CIERRA LA PUERTA, QUITA LA GENTE
“¡Cómo quisiera que alguno de ustedes clausurara el templo, para que no encendieran en vano el fuego de mi altar!”
Malaquías 1:10 (NVI)
¡Qué horror que Dios quería cerrar las puertas de su templo! Esta es una de las advertencias bíblicas más fuertes sobre la adoración. Si nuestra adoración no es sincera al amar y honrar a Dios, no servirá de nada. Los israelitas venían al templo sólo para ganar el favor de Dios y buscar su ayuda. ¿No era eso suficiente?
Muchas personas de muchas religiones, incluidos muchos cristianos, se acercan a la adoración de la misma manera. “Tenemos que hacer esto bien”, piensan, “o Dios estará molesto con nosotros, no responderá nuestras oraciones, y podría traernos cosas malas”. Desafortunadamente no se dan cuenta de que sus pensamientos y sus esfuerzos no son acerca de Dios solamente. Si adoramos de esa manera, realmente se trata de nosotros, de lo que nosotros podemos obtener de Dios.
Dios, por supuesto, nos ve a través de nuestros motivos egoístas. Él sabe que tal adoración no es adoración en absoluto; es sólo un intento de manipularlo. Cuando Dios dice que su “nombre debe ser temido entre las naciones”, quiere que estemos impresionados por su amor por nosotros, tan impresionados que no podamos evitar adorarlo. Ese es el tipo de temor -es decir, asombro y admiración ante el gran amor de Dios- que debería abarcar toda nuestra adoración.
Querido Jesús, somos tu templo. Nos sentimos honrados de que nos ames tanto como para salvarnos y honrarnos con la presencia constante de tu Espíritu. Amén.