25 de diciembre del 2019
Lucas 2:1-14
LA GLORIA DEL SEÑOR
“… todos nosotros, ya sin el velo que nos cubría la cara, somos como un espejo que refleja la gloria del Señor…”
2 Corintios 3:18
El día de Navidad queremos que todo sea glorioso. Esperamos que nuestras celebraciones familiares estén llenas de alegría y luz. Vamos al culto esperando que las decoraciones, la música y las lecturas sean edificantes. Unimos nuestras voces con las de los ángeles, cantando: “Gloria a Dios en lo alto”. Anhelamos experimentar lo que hicieron los pastores cuando “la gloria del Señor brilló alrededor de ellos”. ¿Podría haber una manera más apropiada de celebrar el nacimiento de Jesús?
Sin embargo, en nuestra hambre de gloria, es posible que no notemos que el ángel apunta desde el círculo celestial de luz a un establo con poca luz. La señal dada a los pastores no era la gloria que brillaba cuando apareció el ángel; ni fue la alabanza a Dios por la gran multitud de ángeles celestiales. En cambio, la señal fue un niño nacido en las circunstancias más humildes, envuelto en pañales y tendido en un pesebre.
En su enseñanza, Jesús usó una palabra que significa “gloria” (doxa) cuando nos indicó que escogiéramos una posición humilde en el banquete. Jesús explicó que cuando nos humillemos sinceramente, recibiremos “honores delante de los que están sentados a la mesa” (Lucas 14:10). Cuando seguimos el ejemplo de Jesús y nos humillamos, entonces resplandece la gloria del Señor.
Dios de luz y gloria, inculca en nosotros la actitud de Jesús, que se humilló así mismo al volverse humano, y fue honrado y exaltado, para la gloria de Dios Padre. Amén.