16 de diciembre del 2019
Lamentaciones 3:19-26
ESPERAR TRANQUILAMENTE
“El Señor es bueno con los que en él confían… Es mejor esperar en silencio a que el Señor nos ayude.”
Lamentaciones 3:25-26
Estábamos en camino a casa una noche de nieve. Dos camiones que quitan la nieve estaban adelante de nosotros. El tráfico era lento y observamos un automóvil tras otro, conducir pegado al parachoques del vehículo que tenía delante, como si eso les ayudara llegar más rápido a su destino. Pronto hubo una larga fila de autos, unos pegados al otro.
Nos impacientamos cuando las cosas no se mueven tan rápido como pensamos que deberían. Empujamos. Nos quejamos. Cuestionamos. Incluso podríamos preguntarnos por qué Dios está permitiendo que esto nos suceda. Tratamos de hacer que algo suceda ahora.
El autor de Lamentaciones estaba viviendo las peores experiencias que cualquiera podría imaginar. Jerusalén había caído. Su gente había sido llevada al exilio. Sus rivales se burlaban y se regocijaban. Lo peor de todo, Dios parecía haberlos abandonado. Sin embargo, en medio de su luto, el escritor dice: “Es mejor esperar en silencio a que el Señor nos ayude”.
Esperar en silencio es lo opuesto a tratar de hacer que las cosas sucedan. En lugar de quejarse, lamentarse o gritar, esperar significa confiar en Dios. Esperar tranquilamente es confiar en que incluso cuando las cosas son tan malas como podrían ser, Dios es fiel y sus misericordias son nuevas cada mañana. ¡Grande es su fidelidad!
Señor, tus compasiones nunca fallan. Ayúdanos a esperar en silencio por tu salvación, confiando en que hemos visto tu gran fidelidad revelada en Jesús. Amén.