30 de noviembre del 2019
Marcos 15:21-41
Dios no desampara a sus hijos
“Jesús gritó con fuerza: Eloí, Eloí,¿lemá sabactani?” (que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
Marcos 15:26
La relación entre Dios-Padre y Jesús, el Hijo, siempre fue una relación cercana, amorosa y de obediencia. Sin embargo, Jesús nunca dejó de demostrar cariño por el padre, tanto que la expresión usada por Jesús siempre fue “Abba”, que quiere decir padre, papá, una forma muy cariñosa de referirse al Creador.
No sé si has prestado atención a este hecho. En aquel momento de sufrimiento en la cruz, Jesús no se refiere a Dios como padre, o papá, sino como Dios. Y grita en alta voz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
Imagino que, con mucho dolor en el corazón, en aquel momento, Dios no estaba siendo padre. Él estaba siendo Dios, el Dios que dio a su Hijo unigénito para que él muriese para salvar a la humanidad.
Un poco antes, cuando oraba Jesús dijo: “Abba, Padre, para ti todo es posible: líbrame de este trago amargo...”. Se percibe que definitivamente no tenía miedo de ser azotado, humillado, torturado y finalmente muerto. Lo que debe haber dejado a Jesús horrorizado era la expectativa de tener que soportar todo el peso de la ira de Dios, al cargar el pecado de su pueblo sobre sus espaldas.
Por lo tanto, lo que te pido hoy día es que no invalides el sacrificio de Jesús, que lo aceptes como tu único Salvador. Sólo él puede cambiar tu vida.
Presento en este instante mi vida a ti, Señor Jesús. Quiero vivir contigo para siempre. Amén.