2 Corintios 11:1-6
EL SUSURRO QUE DESVÍA EL ALMA
“Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo”. 2 Corintios 11:3
¡Qué astuto es Satanás! Muchos lo imaginan como algo aterrador, grotesco, fácil de identificar. Lo ubican en religiones falsas, en ambientes de exceso o en todo aquello que parece abiertamente contrario a Dios. Pero rara vez lo imaginan dentro de la iglesia.
Y, sin embargo, ese es su disfraz más peligroso. Porque no siempre se presenta como enemigo declarado; a veces se acerca como voz familiar. Como enseñanza atractiva. Como un mensaje que suena bien, pero que desvía el corazón. Su objetivo no es solo alejarnos de la fe, sino alejarnos del Cristo verdadero, del Cristo de las Escrituras. Y muchas veces lo logra a través de personas en quienes confiamos, y le damos la lealtad que solo le pertenece a Cristo.
Por eso Pablo escribe con preocupación pastoral. Los creyentes a quienes él se dirige conocieron el evangelio por medio de su predicación. Y ahora, están siendo asediados por otras voces que predican a un Jesús distinto. Es una lucha por el corazón. Por eso, habla como un padre que teme que una hija sea engañada y pierda su fidelidad. Y la advertencia sigue siendo urgente hoy. ¿Cuál es entonces el remedio? No es la sospecha constante; es la fidelidad sincera. Conocer más a Cristo. Amarle más profundamente. Permanecer firmes en su Palabra. Porque solo quien conoce al verdadero Cristo, no será seducido por una imitación.
Queremos conocerte, Señor Jesús y vivir en tu verdad. Enséñanos a amarte con sinceridad y a seguir tus pasos para obrar con bien. En tu nombre oramos, Amén.