Juan 19:28-30
LA GRACIA TRAE JUSTICIA
“Jesús bebió el vino agrio, y dijo: Todo está cumplido. Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu.”
Juan 19:30
Para muchas personas, el término “punto cero” trae a la mente un momento y un lugar específico que marca un comienzo. Para los cristianos, nuestra zona cero fue hace unos 2.000 años en una colina en las afueras de Jerusalén.
Porque él es santo, Dios tuvo que castigar el pecado. En la cruz donde murió Jesús, Dios derramó toda su ira contra la rebelión humana. Allí su justicia se satisfizo a través de un sacrificio. La paradoja cósmica de la cruz, sin embargo, es que, en el momento de mayor ira de Dios contra el pecado, también vemos su acto supremo de amor y gracia. En la cruz, vemos que el Padre dio a su único Hijo para salvarnos, aunque nosotros fuimos los que merecíamos morir.
Y el sacrificio que el Padre hizo de su Hijo, es sólo la mitad de la gracia que vemos en el Calvario. Jesús no fue forzado a ser sacrificado por el pecado humano; él escogió libremente ofrecerse a sí mismo para pagar el precio de nuestro pecado. La sentencia de muerte que sufrió fue nuestra, pero él murió voluntariamente por nosotros.
Ninguno de nosotros podría haber soportado la ira de Dios por nuestro pecado. Tampoco podríamos haber elegido colgar en la cruz por todos los pecadores. En el Calvario, nuestro punto cero, vemos las inconmensurables profundidades de la salvación sólo por gracia.
Oh Padre, en la cruz tu ira fue derramada contra nuestro pecado. Gracias, Jesús, por tomar nuestro lugar. Que vivamos por ti en todo lo que hacemos, compartiendo tu amor. Amén.